martes, 23 de junio de 2026

GUERRERA DE LA VIDA (PRIIMER CAPITULO)

 

Seguro que más de una vez, te has sentido mal por las veces que has tenido que ir al colegio, instituto, universidad, trabajo…O a cualquier sitio donde no te encuentres seguro. No te preocupes, no es nada nuevo. Los que sufrimos acoso, nos sentimos así. Estamos pasando por un momento delicado, que no sabemos cómo gestionarlo. No se lo contamos a nadie porque tenemos miedo, vergüenza o simplemente el hecho, de perder tu puesto de trabajo, clases y demás y de que te preguntes: Porque a mí.

El acoso laboral, a la que he estado sometida, empezó hace 9 años. Nunca imagine que podía pasarme a mí. Yo, que nunca le he hecho daño a nadie, que soy una mujer humilde, leal, que se lleva bien con los demás, que siempre estoy dispuesta a ayudar y a dar todo por los que quiero, aunque me quede sin nada. No es que yo lo diga, es que para la gente que me conoce lo sabe, mis compañeros de trabajo, personal del trabajo, mis amigos, mi familia….que soy una buena persona y que no me merezco lo que me ha sucedido. Que cuando voy por la calle, procuro no matar a ninguna hormiga que se cruza por la acera, calurosa, corriendo en pleno verano, como si fuera un correcaminos. Hasta mi sobrino me llama la paz mundial, porque nunca me pego con nadie, en el juego de Stumble Guys al que jugamos los dos. Consiste en ganar recompensas y ser el primero, pero para conseguirlo,  a veces en los retos, la gente pega a saco y yo no, por eso me acaban matando virtualmente. De ahí a que mi sobrino me llame así. Para que veáis, lo mala que es la gente y lo que es capaz de conseguir con solo joderles la vida o en este caso, la reputación a los demás. Pero me estoy precipitando.

Estaba pensando, en cómo puedo empezar a hablar de lo que para mí ha sido en estos últimos años una pesadilla, de la que nunca pensé que saldría. Así que de momento, os contare parte de mi vida, no toda, claro esta, para no aburriros y que me conozcáis como soy.

 La anécdota más divertida, es que tenía prisa por nacer y casi nazco en el taxi de mi abuelo. Los médicos y enfermeras no creían a mi madre, porque había mujeres que llevaban en el hospital hasta tres días, para dar a luz. Pero mi santa madre, fue el mismo día, hasta que vieron mi cabeza salir y correr a sacarme al mundo.

Después de aquello, tuve una infancia feliz, no me puedo quejar, he sido afortunada tanto yo, como mi hermana. Me acuerdo que la vecina de mi abuelo me preguntaba que quería si hermanito o hermanita y yo con mi timidez de una niña de 6 años subiendo las escaleras del rellano del portal grite: ¡Hermanita!

Y así, 5 años después, nació mi hermana. Mi madre tuvo un parto muy difícil y mi hermana casi se muere. Nació muy pequeña y apenas pesaba nada, la vi a ver en el hospital, le toque la mano y la tenía arrugada, de color pálida. Me asuste y enseguida quite mi mano de la impresión. Y ahí está, toda una mujer, madre de dos niños y aguantando a su marido  gruñón, que no acompaña nada.

 

Mi madre y mi hermana, son mis personas favoritas de este mundo. Mi madre se quedó viuda muy joven, con 36 años y con dos niñas pequeñas de 11 y 6 tuvo que sacarnos adelante ella sola sin ayuda de nadie, ni de sus suegros. Nos ha criado bien, incluso éramos la envidia del barrio. Y  Mi hermana, lo hace casi todo sola. Limpia la casa, baña a los niños, les ayuda con los deberes, les da de comer, los lleva al colegio, va al trabajo... Parece madre soltera la verdad, con todo lo que hace que no para.  Por eso la admiro, porque es una mujer guerrera como mi madre.

 

Yo también soy una mujer guerrera, al menos me siento así. Hemos sacado la fortaleza de mi madre y por muy mal que vayan las cosas, nunca se rinde. Toda mi vida, he tenido que pelear por todo, nadie me ha regalado nada, yo sola estoy aquí, porque he peleado por ello y sobrevivido a lo peor del mundo. Soy huérfana de padre, aunque eso, ya no me importa. He vencido a la muerte dos veces, sufrí acoso escolar, por mi físico y mi altura. Aunque en mis tiempos, no lo llamaban acoso escolar, porque esas palabras no existían en el abecedario de la agenda escolar, simplemente lo llamaban cosas de críos. ¿Cosas de críos? Una mierda, que te llamen gorda y gigante, eso marca de por vida. Una profesora me decía que si me volvían a llamar gorda, que les dijera: Más vale tener que no desear, pero ella que no arreglaba el problema y los demás que eso no les frenaba, aquí nunca pasaba nada. Esta feo decirlo, pero solo les faltó decir, que lo resuelvan y se maten entre ellos. Por eso la palabra gorda no me gusta, es mal sonante, fea y te falta al respeto. Prefiero llamarme a mí misma rellenita y listo.





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