La
vieja loca, andaba suelta por las calles de Manhattan. Se acicalaba el pelo
entre murmullos ocultos y sonrisa maliciosa señalando con las manos al vacío
inexistente mientras observaba todo lo que le rodeaba burlándose de la gente
que se cruzaba por su lado. Se creía superior a los demás. Su mente nunca
descansaba maquinando ideas de sufrimiento y dolor que imaginaba hacerle a los
demás. Era tan agotador, que al final, se le fue tanto de las manos, que se
acabó creyendo su propia mentira y ya no distinguía lo que era real y lo que
no. Había perdido tanto la razón, que ya no se podía recuperar. Daba pena en lo
que se había convertido. Todos descubrieron su verdadera cara y en realidad ya
no era nadie solo un mal recuerdo que todos los que la conocían, querían
olvidar.

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